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Historia local

Historia

local

Benitatxell no nace de la nada ni empieza en una sola fecha. Antes de ser un pueblo con iglesia, plaza y ayuntamiento, fue un territorio habitado, trabajado y nombrado, un lugar donde el agua, los bancales y los caminos ya ordenaban la vida.

La historia local puede seguirse como un hilo continuo: primero, la larga prefundación del paisaje y de las alquerías; después, la fundación del municipio en 1698; más tarde, la lenta transformación de un pueblo agrícola que conoce la emigración, los oficios y la modernidad; y, finalmente, la actualidad, en la que el pasado sigue teniendo peso en la identidad del lugar.

Antes de la

fundación

Antes del Poble Nou hubo tiempo, suelo y memoria. Los primeros indicios de ocupación se remontan al paleolítico, con hallazgos en la Cova del Moro que sitúan presencia humana en el término hace unos 18.000 años. También se han documentado restos del calcolítico en ese mismo yacimiento y en els Forats del Barranc de l’Asbardal.

De la Edad del Bronce quedan evidencias en el Tossal d’Arnau y el Tossal Redó, dos elevaciones desde las que se dominaba el territorio. Más adelante, en época ibérica, destacan el Tossal de l’Abiar y los hallazgos de la vertiente de Cova de les Bruixes. La etapa romana dejó también una huella importante en l’Abiar, una zona favorecida por sus aguas subterráneas y vinculada a la explotación agrícola y a la producción vitivinícola.

La presencia andalusí terminó de fijar muchos nombres y muchas formas de habitar el lugar. Lluca, Abiar, Alcassar, Moraig o Benicambra no son solo topónimos: son restos vivos de una época en la que el territorio ya estaba organizado en alquerías, pozos, silos y espacios de cultivo. Antes de la fundación del pueblo, Benitatxell ya tenía paisaje, agua y vida.

22 casas,

100 habitantes.

En 1244, con la conquista cristiana de Dénia y de su territorio por parte de Jaume I, la zona de Benitatxell pasó a un nuevo marco político. Pero el cambio decisivo llegó siglos después. La expulsión de los moriscos en 1609 dejó despobladas las antiguas alquerías árabes de l’Abiar y Benitagell, que fueron abandonadas entre 1609 y 1617.

Después comenzó una nueva etapa de repoblación con nuevos pobladores procedentes de Mallorca, la cuenca baja del Segre y Lleida. El proceso culminó con la constitución oficial de la universidad o municipio de Benitatxell el 4 de enero de 1698. Hasta entonces la población dependía de Xàbia, dentro del marquesado de Dénia; desde ese momento pasó a convertirse en entidad propia y empezó a afirmarse alrededor del nuevo núcleo urbano.

El acta de erección de 1698 documenta 22 casas y alrededor de un centenar de habitantes entre los núcleos de l’Abiar y Benitatxell. También menciona el antiguo pueblo de Lluca, descrito en el propio documento como “Poble antich que al present está derruit anomenat de Lluca”. Frente a ese asentamiento derruido, el nombre de Poble Nou acabó expresando con claridad el nacimiento de una nueva villa.

4 de enero de

1698

La fundación de 1698 significó algo más que una delimitación administrativa: fue el comienzo de una comunidad con término propio, recursos propios y una forma propia de reconocerse en el paisaje.

Historia

reciente

Después de la fundación, Benitatxell fue tomando la forma que todavía puede leerse en su casco histórico. La iglesia de Santa María Magdalena, cuya construcción arranca en 1710, se convirtió en el principal referente del nuevo núcleo, mientras la plaza, la calle Mayor, el ayuntamiento, el horno, la carnicería y la posada organizaban el pulso diario del pueblo. La independencia eclesiástica respecto de Xàbia llegaría más tarde, en 1768, reforzando la autonomía del municipio también en el plano religioso.

Durante los siglos XIX y XX, el municipio siguió cambiando sin dejar de ser un pueblo de base agrícola. La viña, la pasa y el moscatel sostuvieron buena parte de la economía, y alrededor de ese mundo se reconocen los oficios más habituales: labradores, podadores de viña, trabajadores de la escaldà y de la pasa, pequeños comerciantes del mercado y oficios ligados al abastecimiento cotidiano, como el horno o la carnicería. A esa continuidad agrícola se sumaron labores artesanas como el trabajo del vímet, presente en la fabricación de sombreros, cestas y otros objetos de uso diario.

A ese trabajo de la tierra se sumaron otras salidas. La emigración a Argentina y a Orán abrió nuevas vías de ingreso para muchas familias, y en la costa las pesqueras de cingle representaron una economía dura, nocturna y arriesgada, ligada a los acantilados y a los tiempos en que la vid dejaba de dar trabajo. Más adelante, la llegada de la luz en 1909, la actividad de la Liga Anticaciquista, el cine, los mercados y otros espacios de sociabilidad muestran un pueblo atento a los cambios de su tiempo sin dejar de ser él mismo. Incluso la iglesia, uno de sus grandes hitos visuales, arrastra esa historia: su cúpula vidriada azul fue partida por un rayo en 1940 y décadas después volvió a restaurarse como referencia del paisaje comarcal.

Un museu al

vent

En la actualidad, Benitatxell sigue mirando a su historia no como una reliquia, sino como una parte viva de su identidad. La recuperación del patrimonio, la digitalización del archivo parroquial y del archivo municipal y proyectos como Museu al Vent permiten que esa memoria sea hoy más visible y más compartida.

El municipio no se explica solo por su costa o por su paisaje inmediato. También se entiende desde sus bancales de moscatel, desde la piedra seca, desde los caminos agrícolas y desde patrimonios tan singulares como las pesqueras de cingle, que resumen de forma precisa la dureza del trabajo, la relación con el mar y la capacidad del pueblo para convertir la necesidad en forma de vida. En ese cruce entre memoria, paisaje y continuidad local se reconoce buena parte del Benitatxell de hoy.

Benitatxell ve de lluny

Este corto forma parte de Venim de Lluny, una serie documental del Col·lectiu Mirades dedicada a recuperar la memoria histórica de la Marina Alta pueblo a pueblo. En el capítulo dedicado a El Poble Nou de Benitatxell, la historia local se recorre desde sus orígenes hasta la memoria más reciente a través de voces expertas, testimonios y archivo visual.